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pequeñas GRANDES diferencias

PEQUEÑAS GRANDES DIFERENCIAS (PARTE I)

 

            Todas las actividades en las que el hombre encuentra el foco de su interés, pueden, al menos, realizarse desde dos perspectivas que, si ponemos atención, suelen ser diametralmente opuestas por pequeñas que sean las diferencias que las distingan entre sí.

 

            Así, podemos encontrar al arquitecto verdaderamente apasionado de su profesión, de la magia que representa crear edificaciones tan sencillas o espectaculares como su imaginación y su cliente se lo pida (lo que casi siempre redunda en el éxito profesional y económico) y aquel que piensa primero en su carrera como un modus vivendi (lo que no necesariamente es malo) y anteponiendo la remuneración económica que puede percibir por su trabajo, al mero placer de saberse capaz de crear, de la nada, una construcción para muchos imposible siquiera de imaginar. Esto, si no se es consciente de esa realidad, puede acarrear un cúmulo de frustraciones que, a la larga, culminarán ya sea en la búsqueda de otra actividad o, muy frecuentemente, en convertirse en un “practicante” que parece y cobra como el mejor, pero que simplemente se limita a producir por el simple hecho de hacerlo.

 

            En ese orden de ideas, la crianza de perros no es ajena a tal problema que, dicho sea, es totalmente innecesario pues no únicamente es una actividad que como todas, requiere ser realizada por gente comprometida y que encuentre en la misma un deleite, sino que además, involucra seres vivos que merecen, al menos, ser tratados dignamente.

 

            A ese respecto, podemos dividir a los criadores en muchos tipos, pero encontramos dos polos que se oponen aún cuando, en teoría, realizan la misma actividad: los productores y los criadores.

 

            PRODUCTORES

 

            Según cualquier diccionario, un productor es, en términos generales, aquella persona que elabora o fabrica cosas o mercancías.

 

            Si partimos desde esta premisa podremos entender con mucho mayor facilidad el motivo por el cual se puede rebajar a esa categoría a algunos (o muchos) “criadores”, pues cuando por algún motivo conocemos las prácticas que realizan algunas personas con sus perros, caemos en cuenta de que para ellos no son más que objetos susceptibles de producir algún beneficio económico.

 

            Resulta un tanto extraño, por así llamarlo, el hecho de que cualquier niño de seis años o incluso menos, sea capaz de responder adecuadamente cuando se le pregunta cuáles son los cuidados básicos que debe recibir una mascota en las diferentes etapas de su vida y que haya un gran número de “adultos” cuya limitadísima capacidad mental y conciencia de la naturaleza que conforma el mundo que habitamos, les lleve a sobreexplotar sin escrúpulo alguno a aquellas criaturas que en algún momento (en algunos casos) amaron.

 

            Alguna vez, en la ciudad de México, tuve el privilegio de conocer a una persona cuyo nombre no recuerdo (de lo contrario lo daría a conocer), en razón de que un amigo deseaba adquirir un cachorro de la raza Bóxer que sería únicamente un animal de compañía, por lo que tomó algunos datos de personas que ofrecían cachorros en algún periódico de la citada ciudad.

 

            Curiosamente, después de realizar algunas llamadas, resultó que únicamente la persona en comento tenía aún cachorros para venta, po

lo que decidimos visitarlo en su domicilio para conocer a sus perros y poder elegir al cachorro que se convertiría en la mascota de mi amigo.

 

            Al llegar al domicilio, sin darle importancia a que se encontraba en un barrio humilde, lo primero que percibí fue un terrible olor a orina y heces, aún y cuando una mujer se encontraba tallando con cloro y jabón los pisos de la casa. Pasamos por la sala y el comedor completamente desordenados y llegamos a un patio en donde se encontraba el padre de la camada, en una perrera improvisada con tablas de las que salían clavos oxidados y una suerte de basurero plástico que, imagino, servía de caseta para el perro. Sin embargo, lo realmente alarmante fue observar al perro; un animal que, según el dicho del sujeto en cuestión, tenía entre doce y trece años de edad, sin una gota de agua disponible para él (haciendo una temperatura de 35º) y en un estado de desnutrición evidente y, por si fuera poco, presentaba una protuberancia cercana a la cadera. Al cuestionar al “criador” (adjetivo que él se atribuyó a sí mismo) respecto de la condición del perro, se limitó a responder con datos del origen del perro (datos que dudo hayan sido reales) argumentando que era hijo de un famoso perro llamado Red Devil y a conducirnos por una escalera de “caracol” hacia la azotea del inmueble, en donde se encontraba la madre de la camada que veríamos y, para nuestra sorpresa, seis hembras más, dos de ellas tan viejas como el macho (y en condiciones similares) y preñadas, en un espacio ridículo, sin agua ni comida, con un penetrante olor a orina a pesar de que, al parecer, recientemente habían limpiado y, entre todas ellas, cuatro cachorros de no más de un mes y medio de edad.

 

            Después de ver a los perros, tanto adultos como cachorros, decidí indagar un poco más para saber las causas de la infame condición de los perros, obteniendo respuestas como: “la verdad, hace ya varios años los perros no se vacunan y mírenlos, ahí siguen, sanos” o “yo prefiero alimentarlos con comida que yo mismo les preparo, el alimento comercial es muy caro y no sirve, les doy tortillas remojadas en caldo de pollo y con eso están en perfectas condiciones” o “tengo los mejores perros del país, pero no voy a exposiciones porque creo que es una crueldad” y así podría seguir citando frases de aquel despreciable tipo.

 

            Después de alrededor de veinte minutos de escuchar atrocidades, tomamos la decisión de llevarnos los cuatro cachorros (así podríamos salvarlos de un destino como el de sus padres) y, al preguntar por el precio, nos informó que cada cachorro tenía un costo de algo así como dos mil pesos, lo cual, para dos estudiantes de preparatoria, era una suma incosteable así que, tras discutirlo un poco, decidimos llevarnos dos y regresar más tarde por los otros dos. Le comentamos al sujeto aquel lo acordado, pero requeríamos retirar dinero de un cajero automático por lo que le manifestamos regresar en algunos minutos y nos comentó: “entonces voy a ir preparando las cosas para que me ayuden a cortarles la cola”, lo que pensaba hacer así, simplemente cortando con unas tijeras y cauterizando, sin anestesia ni cuidado alguno. Por supuesto le profesamos cualquier cantidad de injurias y casi acabamos a golpes.

 

            De ésta anécdota, podemos resaltar muchas pequeñas prácticas que diferencian al productor del criador.

 

            Se puede inferir que aquel supuesto criador experimentado, concebía a sus perros como un modus vivendi, pues no sólo criaba mal, sino de manera continua, lo que por lógica simple, tratándose de una raza tan popular, supone ventas seguras con poca inversión.

 

            Si ponemos atención a lo que encontré en el predio en que vivían los perros, el propietario no contaba con las instalaciones mínimas necesarias para tener ni seis ni un perro, vaya, no era apto siquiera para 

que criatura alguna viviera ahí; tampoco había condiciones de higiene adecuadas y no hablemos de alimentación y cuidados veterinarios, además de una total falta de respeto a la vida cuando un tipo no tiene empacho en poner en riesgo la vida de un cachorro que le va a dar de comer a él y su familia por una semana, con tal de ahorrarse unos pesos dejando de pagar a un médico que realizara el corte de cola, aunado al sufrimiento que le causaría pues, el productor lo haría sin anestesia.

 

            De igual forma, es menester resaltar que la condición económica de una persona no es, en momento alguno, excusa suficiente para tal brutalidad y negligencia, puesto que si se ama y, por consecuencia, se respeta a esos seres que nos acompañan incondicionalmente pidiendo muy poco a cambio, entonces, si no se cuenta con los medios necesarios para darles una calidad de vida prudente, se ha de preferir no tener ninguno hasta en tanto no sea posible darles lo que merecen.

 

            Ahora bien, contrario para lo que seguramente como lector puedes creer, para mi fue un privilegio el poder conocer a aquel productor, pues me brindó la oportunidad de aprender y visualizar lo que jamás puedo permitirme llegar a ser ni a pensar, pues amo a mis perros como a mis iguales y me dejó la experiencia de poder, ahora, discernir entre el criador y el productor.

 

 

CRIADORES

 

            A lo largo de varios años de acudir a exposiciones y de tener contacto con diversos criadores y productores, he podido conocer lo que un buen criador, en toda la extensión de la palabra, realiza diariamente con sus perros.

            Antes que todo, el criador es consciente, por el amor real que siente por sus perros, de que son seres vivos con alma y sentimien

con mucho mayor derecho a una vida digna que cualquier persona que los maltrata y, de tal situación, se desprende por consecuencia el trato que les dan, pues no sólo le “sirven” para realizar un sueño y una pasión, sino que los distingue como compañeros de vida a los que hay que agradecerles su existencia y su disposición a acompañarnos.

             El criador, no escatima recurso alguno en brindar a sus perros la mejor alimentación que le sea posible y que favorezca a la salud de sus ejemplares, sin hablar de marcas comerciales o, en algunos casos, comida preparada por ellos mismos y siempre asesorados por Médicos Veterinarios expertos en nutrición.

 

            En el plano de la salud, los criadores cuentan, dentro de su equipo de trabajo, con al menos un Médico Veterinario experimentado y profesional que se encargue de velar por la salud y bienestar de sus perros, dejando de lado la inversión que pueda implicar hacerse de los servicios del mejor. Realizan pruebas para descartar enfermedades congénitas y protegen a sus cachorros y pié de cría con sistemas de vacunación con la periodicidad necesaria.

 

            Asimismo, el criador buscará contar con las instalaciones que permitan un buen desarrollo de sus ejemplares, con espacios adecuados para su esparcimiento y ejercicio, así como con sitios confortables para el descanso y alimentación de los mismos, manteniéndolos en perfectas condiciones higiénicas, realizando labores de limpieza varias veces por día.

 

            De igual forma, procuran mantener adecuadamente las condiciones de aseo y arreglo de sus perros, pues no solo son su carta de presentación, sino también, como ya se dijo, seres vivos capaces de sentirse tan privilegiados o miserables como se les mantenga, por lo que el acicalamiento de sus ejemplares forma parte de las actividades diarias del criador.

 

Todo criador propiamente dicho, establece su programa de crianza a mediano y largo plazo, tomando en cuenta las líneas de sangre de sus ejemplares,  las virtudes que desea fijar y los defectos que desea eliminar, jamás realiza un cruce sin antes haberlo estudiado y considerado los posibles resultados que obtendrá.

 

            A su vez, la crianza no puede ser labor de una sola persona, es necesario conformar un buen equipo que sustente un programa de cría, pues no solo involucra el traer alguna camada al mundo, sino todas esas actividades cotidianas que requieren de tiempo y dinero, de esfuerzo y dedicación.

 

            El sueño y descanso limitados están presentes constantemente en la vida de un criador, pues los cachorros requieren de supervisión constante y un monitoreo que permita al criador detectar cualquier anomalía a efecto de poder solucionarla oportunamente.

 

Lic. Álvaro Santiago. Continuación en parte II

 

 



Por: Lic. Álvaro Santiago , 2/15/2010 10:18:49 PM